Esta semana tuve ocasión de asistir al entrenamiento de fútbol de mi hijo mayor, Alvaro, de 6 años y medio. Viendole correr en el campo, aparte de tratar de sacar las similitudes típicas de “ese es el mio, juega tan bien como su padre…”, me invadió una triste melancolía. Analizandolo después, creo que fue por dos razones, una porque uno se va haciendo mayor, aunque no se de cuenta, y debo aprender a mirar las cosas con cierta distancia y sobre todo la vida de mis hijos. Por otro lado, con cierta envidia pensando que ya me hubiera gustado a mi que mi padre me hubiera ido a ver entrenar o jugar al fútbol para compartir con él después alguna de las jugadas clave.
La conclusión que he sacado, estar sin parecerlo. Mantener la distancia, que se sientan seguros pero que prueben ellos y se equivoquen ellos, que así aprenderán antes y mejor.
Por otro lado, esta mañana acabo de darme la paliza semanal multiplicada por dos. Hoy me he llevado al pequeño, Alejandro (de dos y medio), con el cochecito, y a los dos mayores, Alvaro y Adrián (de 4 y medio) en bici en la casa de campo. Nos hemos metido una hora y media, unos 11-12 km a buen ritmo culminado por una paella a orillas del lago. Impresionante. Lo mejor de todo es, además de poder cumplir con mi entrenamiento semanal y enseñarles a montar en bici es que hay gente que, durante el recorrido, se para nos mira y nos aplaude… y esto último no veas lo que anima!!!. Me sacaré alguna foto para compartir.